Ordenamos tu negocio, lo profesionalizamos y te damos el sistema para operarlo y hacerlo crecer, con todo a la vista y en tiempo real.
Contame tu caso Te escucho, te digo si te puedo ayudar, y si no, también.Ninguno de estos problemas se arregla con más ganas ni con más gente. Se arreglan cambiando cómo circula la información adentro de tu negocio. Abrí el que te toque y mirá cómo se cura.
Tu proveedor te manda la lista como te la manda: planilla, texto pegado en el chat o foto. El sistema la lee, la reconoce contra tu catálogo, le aplica tu margen y publica el precio nuevo en todas tus sucursales. Nadie tipea nada.
El vendedor no necesita saber si hay: el sistema le dice de dónde puede salir. De tu depósito, de otra sucursal, o de la lista que tu proveedor mandó esta mañana — con el costo de hoy, así el margen no es una adivinanza.
Tus revendedores entran con su usuario y ven su lista de precios, no la tuya. Arman el pedido solos, lo mandan, y siguen su entrega sin llamarte. Vos abrís la mañana con los pedidos ya cargados.
La caja abre con arqueo y cierra con arqueo. Cada cobro queda con su medio de pago, su moneda y el nombre de quien lo tomó. Si el cierre no da, el sistema te muestra la diferencia en el momento — no a fin de mes.
Cada persona ve su tarea y nada más: el que vende ve lo que necesita para vender, el encargado ve su sucursal, vos ves todo. Nadie tiene que interrumpir a nadie para saber algo que el sistema ya sabe.
Todas las sucursales operan sobre el mismo catálogo y los mismos precios, pero cada una con su stock, su caja y su gente. Lo que se manda de un local a otro viaja controlado: el que despacha no es el que confirma que llegó.
Cada equipo tiene su ficha desde que entró hasta que salió: a quién se lo compraste, a cuánto, por qué sucursales pasó, quién lo vendió, a qué cliente y con qué garantía. Un número de serie y está todo.
Entrás y ves tu negocio, no una planilla: lo vendido hoy, con cuánto margen, en qué sucursal, cuánta plata hay y qué se está por quedar sin stock. En vivo, sin pedírselo a nadie y sin esperar al cierre del mes.
Un solo catálogo, un precio por canal. Lo que ve el que entra a tu local y lo que ve tu revendedor salen del mismo lugar, con la regla que vos pusiste una vez.
Esto es lo que pasa con el primer dolor de la lista, paso por paso. En la mayoría de los negocios alguien copia esa lista a mano, si tiene tiempo. Acá el mensaje entra por un lado y sale precio publicado en todas tus sucursales por el otro.
Y lo que el proveedor sacó de la lista de hoy, dejás de ofrecerlo hoy. Nadie tiene que acordarse de apagar nada.
| Producto | Costo | Tu precio |
|---|
Todo lo de arriba es para el que atiende. Esto es para vos: el día, el margen, la plata y lo que se está por quedar sin stock. Sin pedirle un informe a nadie y sin esperar al contador.
Ejemplo con datos de muestra. En tu negocio son tus números, tus sucursales y tus canales.
El sistema es la parte que se ve. Lo que hace que funcione es lo que pasa antes y después.
Primero entendemos tu negocio de verdad. Dónde se te va la plata, el tiempo y la paciencia.
Después lo ordenamos. No te informatizamos el desorden: primero lo desarmamos.
Te damos el sistema hecho a tu medida. Para operarlo, no un software genérico al que te tenés que adaptar vos.
Y nos quedamos hasta que tu gente lo use. Sin eso, el mejor sistema junta polvo.
Antes de construir sistemas, los sufrí.
Trabajé de administrativo en rubros que no se parecían en nada. Fui el que cargaba los datos: el que tipeaba la lista, el que perseguía la factura que no aparecía, el que cerraba la caja y al que todos le preguntaban dónde estaba cada cosa. Y en todos aprendí lo mismo — el problema es siempre el mismo con otros nombres: alguien compra, alguien vende, alguien cobra, y nadie sabe con certeza dónde está la plata.
Mapear cómo trabaja de verdad una organización, rediseñar los procesos y lograr que la gente los cumpla todos los días. Hasta que resiste que venga alguien de afuera a revisarlo.
50 personas tipeaban el mismo dato tres veces, en tres sistemas distintos. No reemplacé los sistemas: moví la carga al que tenía el dato. Adentro dejaron de tipear y pasaron a validar.
Lo difícil no fue construir el sistema: fue que lo usaran. Me senté uno por uno hasta que la herramienta hizo la tarea de cada uno, y no al revés.
Clientes, stock, ventas, compras y caja en un solo sistema — con toda la historia del sistema anterior adentro, sin cargar una venta a mano.
Los nombres propios no están acá. Están en la charla, si hace falta.
Integra Digital es para negocios que ya venden y quieren dejar de operar a los tapones: mayoristas, distribuidores, importadores y comercios que además le venden a otros que revenden. Si estás arrancando o buscás solo facturar, hay herramientas más simples y más baratas que la nuestra — y te las recomendamos con gusto.
Hay un momento anterior al sistema: cuando estás por abrir algo, por meterte en un negocio nuevo o por invertir en una idea, y querés saber si cierra antes de poner la plata. Eso también lo hacemos, y es un trabajo aparte.
Cómo gana plata la idea, de dónde sale, qué tiene que pasar para que funcione y en qué punto se cae. Sin optimismo y sin humo.
Qué necesita de verdad para existir: cuánto, cuándo, con qué. Y si hay una forma más barata de probarlo antes de construirlo entero.
Un informe que podés leer, discutir y mostrarle a un socio o a quien ponga la plata. Sirva para avanzar o para no hacerlo.
Sirve para un negocio nuevo, una idea, o una aplicación — con o sin sistema de por medio.
Nadie compra un sistema por catálogo. Así que empezamos al revés: primero miro cómo trabajás hoy, y te lo devuelvo por escrito. Si de ahí sale que me necesitás, seguimos. Si no, te quedaste con el diagnóstico igual.
Por teléfono o en tu local. No abro la computadora ni te muestro pantallas: te pregunto cómo hacés las cosas hoy.
En 48 horas, dos carillas: cómo opera tu negocio hoy y en qué puntos se te está yendo la plata, el tiempo y la paciencia.
Si querés que lo resolvamos juntos, te muestro cómo. Si no, ya te llevaste algo que te sirve. Sin insistencia y sin llamados.
El diagnóstico no se cobra y no te compromete a nada.
Una charla, sin vueltas. Si te puedo ayudar, te lo digo. Si no, también.
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